53 | La diferencia entre un perro y un lobo

 


Leamos el siguiente texto y luego lo analizaremos:

Un perro come todos los días, pero lleva un collar.

Un lobo, a veces pasa hambre, pero no responde ante nadie.

La mayoría de los hombres eligen el collar y lo llaman «seguridad».

Va un lobo y se encuentre con un perro. El lobo está delgado y hambriento. El perro está gordo, cómodo y bien alimentado por su amo.

El lobo le dice: «Oye, tu vida parece fácil»

El perro responde: «Sí, ven conmigo y no volverás a pasar hambre».

El lobo empieza a caminar con el perro y entonces se fija que este tiene una marca alrededor del cuello y le pregunta: «Oye, ¿qué es esa marca?»

El perro contesta: «Nada. Mi amo, me ata durante el día, pero por la noche, en casa, soy libre».

El lobo se da media vuelta y vuelve al bosque.

La mayoría de las personas escucha esta historia y piensa que el lobo se sacrifica y no es así. El lobo toma una decisión, el hambre no es el problema, el hambre es el precio de la libertad, pero el collar no siempre es un trabajo, a veces es una relación en la que sigues porque la comodidad te resulta mejor que la incertidumbre de irte. A veces, «el collar» es un grupo al que sigues perteneciendo, porque sentirte aceptado es más fácil que la soledad de haber evolucionado. A veces «el collar» es una versión de ti mismo que sigues interpretando porque la aprobación de los demás resulta más cómoda que el riesgo de ser quien realmente eres.

El perro no es libre, solo está bien alimentado. He aquí la diferencia entre un hombre que tiene todo lo que necesita y un hombre que no responde ante nadie. La mayoría de los hombres han confundido esas dos cosas desde pequeños.

El lobo pasa hambre, de vez en cuando, pero nadie es su dueño y precisamente porque está dispuesto a vivir sin ciertas cosas, nadie puede utilizar eso para controlarlo. No puedes controlar a un hombre que no tiene miedo a pasar hambre. Ese es el hombre más peligroso que existe (para el sistema). No es el que más tiene, sino el que menos necesita.

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Este texto pertenece a Jordi Segués y a continuación lo analizaremos desde una perspectiva psicológica-social y filosófica.

1. Perspectiva de la psicología social

Como primer punto, se puede sostener que uno de los principios más sólidos de la psicología social es que el ser humano posee dos necesidades fundamentales: seguridad y pertinencia. Estas necesidades aparecen en numerosas teorías psicológicas, ya que las personas buscan protección física, económica y emocional porque ello reduce la incertidumbre y la ansiedad.

Por otra parte, el «collar» simboliza precisamente aquello que satisface esas necesidades, ya que puede representar un empleo estable, una pareja, una religión, un partido político, un grupo de amigos e incluso una identidad social. La idea de Segués es que muchas veces permanecemos allí no porque sea lo mejor, sino porque tememos perder esa seguridad.

Como segundo punto, desde el campo de la psicología cognitiva, sabemos que el cerebro humano tiene una fuerte tendencia a evitar la incertidumbre. Incluso, existe un concepto denominado intolerancia a la incertidumbre, relacionado con la ansiedad y por tal motivo, muchas personas prefieren un trabajo mediocre conocido, antes que un futuro incierto.

Esto se debe porque prefieren una relación infeliz que solo las llena por ratos, antes que quedarse solas y no porque sean irracionales, sino porque la incertidumbre activa mecanismos de estrés muy intensos. Por eso, esto también puede ser «el collar».

Un tercer punto podría ser la conformidad social. Si lo analizamos bien, podemos darnos cuenta que aquí aparece uno de los fenómenos clásicos estudiados por Solomon Asch, ya que sus experimentos demostraron que muchas personas aceptan una respuesta incorrecta únicamente para no diferenciarse del grupo. Es decir: la aceptación social puede ser más poderosa que la verdad.

Por ejemplo, cuando Segués dice «el collar puede ser un grupo» lo que logra es describir justamente este fenómeno. Por este motivo, muchas personas renuncian a expresar ideas políticas, creencias religiosas, orientación profesional y gustos personales, simplemente para conservar la aceptación del grupo.

Un cuarto punto trataría sobre el problema de la identidad social. Para esto, es menester analizar la teoría de la identidad social de Henri Tajfel, puesto que, según ella, gran parte de nuestra autoestima depende de los grupos a los que pertenecemos. Por eso abandonar un grupo puede sentirse casi como perder una parte de uno mismo. Segués interpretar esto como una forma de esclavitud psicológica, aunque conviene matizar que pertenecer a un grupo no siempre implica perder libertad, pues podría ser (en algunos casos) una fuente de cooperación, apoyo mutuo y crecimiento.

Por último, uno de los puntos más interesantes aparece al final cuando trata sobre el poder mediante la dependencia. Cuando Segués sostiene: «No puedes controlar a un hombre que no tiene miedo a pasar hambre». Psicológicamente esto alude al concepto de dependencia, pues cuanto más una persona depende de algo, por ejemplo, dinero, aprobación, reconocimiento o afecto, más vulnerable se vuelve al control. Es una idea cercana al concepto de poder desarrollado por diversos psicólogos sociales: quien controla aquello que otro necesita posee influencia sobre él. Así que aquí se debe tener mucho cuidado.

2. Perspectiva filosófica

Si somos muy observadores, nos daremos cuenta que Segués toca varias tradiciones filosóficas y considero que es necesario abordarlas para entender mejor el mensaje.

En primer lugar, tenemos al cinismo antiguo. Los filósofos cínicos, especialmente Diógenes de Sinope, sostenían exactamente esta idea: Mientras menos necesites, más libre eres.

Si recordamos, Diógenes vivía prácticamente sin posesiones porque pensaba que cada necesidad adicional era una nueva cadena. Segués reproduce casi literalmente esta filosofía de vida.

En segundo lugar, el estoicismo. Los filósofos estoicos, especialmente Epicteto, enseñaban algo parecido: No eres libre cuando posees muchas cosas. Eres libre cuando puedes vivir sin ellas.

Para entender mejor esto, es menester recordar que para los estoicos la libertad consiste en gobernar los propios deseos. Si alguien puede amenazarte quitándote algo, entonces todavía no eres completamente libre.

En tercer lugar, el existencialismo, sobre todo al de Jean-Paul Sartre, ya que el francés sostuvo que muchas personas viven en «mala fe», es decir, representan un personaje porque resulta más cómodo que asumir la responsabilidad de decidir quién quieren ser realmente.

Cuando Segués afirma: «el collar es la versión de ti mismo que sigues interpretando» describe precisamente esa idea.

Por último, Segués también parece hablarnos de una libertad negativa. Para entender esto, es necesario mencionar al filósofo Isaiah Berlin, quien distinguía entre dos clases de libertad.

La primera consiste en que nadie te impida actuar. La segunda consiste en tener capacidad real para desarrollar tu vida. Segués solamente enfatiza la primera, ya que, para él basta con que nadie sea tu dueño, pero desde la filosofía política moderna eso es insuficiente, pues una persona extremadamente pobre puede ser jurídicamente libre y, sin embargo, tener muy pocas posibilidades reales de decidir su vida.

3. Análisis acerca del simbolismo del perro y el lobo

Luego de haber analizado bajo la perspectiva psicológica-social y la filosófica, claramente sabemos que no representan animales, representan dos modelos existenciales.

El perro simboliza estabilidad, protección, seguridad (pero con dependencia de algo o alguien), obediencia y comodidad. Por su parte, el lobo representa autonomía, seguridad (en sí mismo), responsabilidad y autosuficiencia.

Es por esto que Segués presenta una dicotomía muy fuerte: libertad o comodidad. Sin embargo, la vida humana rara vez funciona así. Desde la psicología sabemos que las personas pueden tener independencia, relaciones sanas, trabajo estable y autonomía moral, simultáneamente. Por ejemplo, un empleo (un trabajo estable), no siempre es un «collar», ya que puede ser un proyecto elegido libremente, una fuente de desarrollo personal o una expresión del propio talento.

Lo mismo ocurre con una relación de pareja, pues no toda relación implica dependencia, ya que una relación saludable puede aumentar la libertad de ambos.

Al analizarlo desde la filosofía, Segués transmite una idea filosófica poderosa: Cuanto más dependemos de cosas externas para sentirnos seguros o valiosos, más fácil resulta que otros influyan o ejerzan control sobre nosotros.

Desde la psicología social, esto puede entenderse como una invitación a desarrollar autonomía psicológica, es decir, la capacidad de tomar decisiones guiadas por los propios valores y criterios, sin quedar excesivamente condicionado por la aprobación, el miedo al rechazo o la necesidad constante de seguridad.

Desde la filosofía, el mensaje conecta con una larga tradición que va desde los cínicos y los estoicos hasta corrientes existencialistas: la libertad no consiste únicamente en carecer de un «amo», sino también en reducir aquellas dependencias que pueden convertirse en instrumentos de dominación.

En última instancia, Segués no plantea tanto una elección entre «ser perro o ser lobo», sino una pregunta más profunda: ¿qué necesidades, miedos o comodidades de mi vida podrían estar limitando mi capacidad de elegir libremente? La respuesta probablemente no sea renunciar a toda seguridad, sino encontrar un equilibrio en el que la seguridad no se obtenga al precio de perder la autonomía, ni la libertad se convierta en aislamiento o precariedad permanente.

El Escritor Misterioso
3 de agosto de 2026


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