55 | Breve análisis del caso ocurrido en el Liceo Naval desde un enfoque filosófico y educativo

 


Según la información difundida públicamente, ocho estudiantes del internado del Liceo Naval Almirante Guise fueron intervenidos e investigados por presuntamente haber participado en una agresión sexual contra un compañero menor de edad, utilizando un palo de escoba. El hecho generó una fuerte reacción social debido a la gravedad de la acusación, la edad de los involucrados y porque habría ocurrido dentro de una institución educativa con régimen disciplinario estricto. Esto ocurrió dentro de un autobús que trasladaba a los alumnos.

Desde una perspectiva jurídica, si los hechos son acreditados por la investigación fiscal y judicial, no se trataría de una simple broma, novatada o acto de indisciplina escolar, sino de una presunta agresión sexual grave contra un menor de edad, con posibles responsabilidades penales para los participantes y eventuales responsabilidades administrativas o civiles para quienes tenían deberes de supervisión.

Ahora bien, más allá de analizarlo desde una perspectiva jurídica, quizá también debemos empezar por preguntarnos ¿por qué existen estos tipos de casos? O ¿qué sucede por la mente de aquellos jóvenes que cometen ese tipo de atrocidades?, incluso, si pretendemos profundizar más, la pregunta sería ¿cuál es la raíz de todo esto?

La pregunta sobre la raíz del problema es más profunda que la pregunta sobre las leyes. Las leyes pueden sancionar y prevenir en cierta medida, pero difícilmente explican por qué un adolescente llega a humillar, torturar o agredir sexualmente a otro compañero.

Es por eso que, desde la filosofía, la psicología —y si pretendemos ir más allá—, la neurociencia, no existe una única causa. Generalmente se trata de la convergencia de varios factores. Para esto, en esta publicación ofreceremos algunos análisis, a manera de apuntes, desde los enfoques mencionados.

La raíz filosófica: la pérdida del reconocimiento del otro como persona

Muchos filósofos han sostenido que la violencia extrema comienza cuando una persona deja de ver al otro como un ser humano digno de respeto y empieza a verlo como un objeto, un instrumento o un blanco de diversión.

En este caso, cuando un grupo de adolescentes somete a otro compañero a humillaciones o agresiones, suele ocurrir un proceso de deshumanización. La víctima deja de ser percibida como «Juan», «Pedro» o «mi compañero» y pasa a ser vista como «el débil», «el raro», «el nuevo», «el que no importa».

La violencia se vuelve posible cuando desaparece la empatía.

La raíz psicológica: la búsqueda de poder y aceptación grupal

Muchos adolescentes no actúan solos. En los casos más graves suele existir una dinámica de grupo.

La psicología social ha demostrado que las personas pueden realizar conductas que individualmente jamás cometerían cuando buscan aceptación del grupo. temen ser excluidas, quieren demostrar fortaleza o liderazgo o también cuando se diluye la responsabilidad individual.

En ocasiones, algunos participantes ni siquiera son los líderes de la agresión. Simplemente siguen al grupo porque sienten que pertenecer es más importante que cuestionar.

La raíz neurocientífica: un cerebro aún en desarrollo

La neurociencia ha demostrado que durante la adolescencia el cerebro todavía está madurando. Es por ello que se tiene que saber que es la corteza prefrontal, que interviene en el control de impulsos, la toma de decisiones, la evaluación de consecuencias y el razonamiento moral. Esta región continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años.

Por ello, muchos adolescentes presentan:

  • Mayor impulsividad.
  • Mayor influencia de sus pares.
  • Mayor búsqueda de emociones intensas.
  • Menor capacidad para prever consecuencias futuras.

Esto no justifica una agresión, pero ayuda a comprender por qué algunos jóvenes pueden involucrarse en actos extremadamente graves sin medir plenamente sus efectos.

¿Por qué algunas agresiones tienen contenido sexual?

En muchos casos, la agresión sexual entre adolescentes no tiene como fin (principal) la satisfacción sexual. Los especialistas suelen explicar que puede tratarse de una manifestación de dominación, humillación, control, castigo grupal y ejercicio de poder. En otras palabras, la sexualidad se utiliza como instrumento para degradar a la víctima. Por eso, en criminología, muchas agresiones sexuales son analizadas también como delitos de poder y sometimiento.

¿Cómo prevenirlo desde la filosofía?

La filosofía educativa sugiere que la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezca la violencia. Para esto, existen tres pilares fundamentales:

a. Educación en la dignidad humana

El niño debe comprender desde pequeño que toda persona posee un valor intrínseco que no depende de su fuerza, popularidad o condición social.

b. Educación en la empatía

No basta enseñar solamente normas. Es necesario enseñar a ponerse en el lugar del otro. La pregunta ética fundamental es: ¿Cómo me sentiría yo si me hicieran lo mismo? Entonces, empezar por aquí nos puede conducir a ciertas posibles soluciones.

c. Formación del carácter

Respecto a este último pilar, la tradición aristotélica sostiene que las virtudes se adquieren mediante hábitos. El respeto, la prudencia, la justicia y la compasión deben practicarse diariamente en la familia y en la escuela.

¿Cómo prevenirlo desde la neurociencia?

La neurociencia moderna señala varias estrategias efectivas. Así tenemos las siguientes:

  • Enseñar regulación emocional desde la infancia.
  • Desarrollar habilidades de autocontrol.
  • Fortalecer la capacidad de reconocer emociones ajenas.
  • Entrenar la resolución pacífica de conflictos.
  • Detectar tempranamente conductas de crueldad o humillación reiterada.

Las investigaciones muestran que la empatía puede fortalecerse mediante experiencias educativas y familiares adecuadas.

La reflexión de fondo para una mejor educación familiar

Quizás la pregunta más importante no sea: «¿Qué castigo merecen los agresores?», sino «¿Qué estamos dejando de enseñar para que algunos jóvenes lleguen a creer que humillar a otro ser humano puede ser una forma de diversión, prestigio o poder?».

La familia, la escuela y la sociedad suelen preocuparse mucho por transmitir conocimientos, pero a veces dedican menos tiempo a formar la conciencia moral. Un adolescente puede obtener excelentes calificaciones y, sin embargo, no haber desarrollado suficientemente la empatía, el respeto o el sentido de la dignidad humana.

Por ello, la prevención más profunda no nace en los tribunales ni en las comisarías. Nace en la formación del carácter, en el ejemplo de los adultos (como padres y profesores) y en una cultura que enseñe que la verdadera fortaleza no consiste en dominar al más débil, sino en protegerlo.

El Escritor Misterioso
21 de setiembre de 2026


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